Crescendo

Noviembre 5, 2009 at 1:46 am (1)

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Epitafio primero:

“Por el poder de la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo”

El otro día fuí a comprar un regalo a un centro comercial. En la parada del bus se encontraba un hombre que rondaria los 40 años a mi lado. Justo detras estaban sentadas en los asientos de la parada un grupo de chicas que, mientras intentan recordar lo que hicieron la noche pasada, son asesinadas con por las miradas de los ancianos deseosos de sentarse en dichos sitios. Parece que vivieran cansados. El autobus asoma a lo lejos, y uno no sabe si es un sexto sentido que se desarrolla durante el envejecimiento, pero los ancianos lo detectan enseguida y con mas velocidad de la que aparentan poder ofrecernos, se colocan en fila y bastante apretados entre ellos al borde de la acera, como si tuvieran calculado el punto exacto en el cual las puertas van a abrirse. Con media sonrisa en la boca, el hombre de mi lado me dice: “Parece que les fueran la vida en encontrar un asiento. Lo mejor es que si tu estas sentado tienes que levantarte y dejarles asiento, pero si eres tan valiente de no hacerlo te estaran lanzando miradas de odio todo el viajecito, y yo, sinceramente, para aguantar a cuatro viejos cascarrabias, prefiero ir de pies, aunque a veces este yo mas cansado que ellos.”

Pero los ancianos no contaron con que el automóvil parase unos metros antes, pero esto no bastó. Con la misma velocidad que antes, en medio segundo estaban subiendo al autobus mientras su muletas y sus bastones se enzarzaban en una peligrosa pelea mientras corrían buscando un sitio. Entonces el hombre de la parada me miro riendose en silencio. Tres paradas despues se bajó mientras era observado fijamente por esos ancianos que le escucharon en la parada y, mientras estaban en su sitio esperando a que arrancara la máquina, los varones hacían gestos violentos con el brazo y las mujeres movían la cabeza en gesto de reproche. Un hombre honesto y, ante todo, con razón.

Cuanto puede llegar a incordiarnos la verdad.

Epitafio segundo:

“¿Cuántas veces, con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas, engañamos al diablo mismo?”

A veces no hacen falta anécdotas recientes para reflexionar sobre ciertos temas.  A veces tan solo basta con acordarse de anécdotas pasadas.

Uno no puede renegar de su forma de ser. No puede intentar seguir un modo de vida que no es el suyo, ya que así solo conseguirá arrepentirse en un futuro de los actos cometidos y rectificar (aunque esto último nunca viene mal de vez en cuando). Pero lo importante es darse cuenta a tiempo para poder realizar ese proceso. Y a veces, a cuenta de intentar un modo de vida que  no es el tuyo, te encuentras con cuestiones embarazosas. A veces toca mentir. Cuando una persona cercana a tí resulta que se está acercando demasiado, debes pararlo si sobrepasa los límites de la confianza y supera la máxima elasticidad de la relación. Claro está, hay que tener cuidado con las palabras escogidas para evitar situaciones conflictivas y obviamente, es imposible dañar a una persona suavemente, lo cual tiene efectos secundarios en quien lo ejecuta.

Al llevar este tipo de vida, si no es la tuya, acabas abriendo los ojos y entonces el golpe te espabila más de lo que uno piensa. A veces lo que uno necesita es una persona que le abra los ojos y le ayude a crecer interiormente.

A veces hay suerte y lo encuentras. Mayormente, te das con un canto en los dientes.

“Toda acción tiene una reacción igual y opuesta”.

Epitafio tercero:

“Nada es seguro y todo es posible”

A veces te resulta imposible andar por la calle y evitar escuchar ciertas conversaciones, ya sea por el tono de voz o por el volumen al que lo cuentan, que a veces parece que quieren pregonarlo para que todo el mundo escuche su “heroicidad” y por un momento se sienta el centro de atención. Gente que hiere sentimientos y lo narra como si fuese un burdo chiste de lepe; gente que a su vez juega con otra gente sin saber que son ellos la víctima del juego; gente que no puede con sus debilidades y acaba recayendo en lo que es una cuesta abajo en su día a día. Y en esto último me incluyo yo.Aunque obviamente no todo es mierda lo que reluce y tambien te encuentras a gente sensata, que hace las cosas con buena fé. No voy a decir gente modelo,  ya que todos tenemos algo de lo que cojeamos y cada persona somos un mundo, pero si algunos aspectos en los cuales fijarse para mejorar como persona.

Como toda persona lógica, te replanteas tu forma de actuar e intentas corregirlo. La persona intenta moldearse en lo que él cree que es el prototipo de persona ideal tanto espiritualmente como en su forma de ser y actuar. Pero ójala fuera tan fácil alcanzarlo como decirlo. Aunque nunca hay que desistir de ello.

“Una revolución sin baile no es una revolución que merezca la pena”

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Ya va siendo hora de renacer.

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